BE MY BROTHER, JAVI

A veces he cerrado los ojos y he imaginado un mundo con sentido. Ese mundo es perfecto porque está lleno de personas imperfectas que, pese a sus diferencias, ponen lo mejor de sí para, juntos, no olvidar lo más importante en esta vida: vivir. Es un mundo donde la diversidad te da lecciones de vida. Un mundo donde nunca es “yo no puedo” y siempre “yo lo intento”. Un mundo donde tú pones la voluntad y entre todos ponemos el medio. Entonces he abierto los ojos y ese mundo se ha desvanecido, hasta que, hace poco, abrí los ojos y no fue así…

Éramos un grupo muy diverso: Ángel, con ceguera; Enmanuel, con sordera y autismo; Félix, con deficiencia visual; María, con síndrome de Down; Sergio, con ceguera y autismo; y yo, con sordoceguera. Cada uno de nosotros iba con su sister o su brother, quienes creyendo en nosotros hacían que lo imposible pareciera fácil. Juntos disfrutamos de actividades que la mayoría nunca habíamos experimentado: la tirolina, el piragüismo, el yoga y los cuencos tibetanos. Vivimos una experiencia mágica en que no paramos de gritarle al mundo que podíamos, que tan solo necesitábamos una mano hermana y nuestras ganas infinitas de vivir.

Y lo mejor no fueron los momentos divertidos, como cuando le preguntamos a Sergio si alguna vez había hecho una actividad atrevida en la naturaleza y él respondió que sí, que un picnic, o cuando María me hablaba y, partiéndose de risa, decía “este chico no se entera de ná”. No, lo mejor no fue todo eso. Lo mejor fue que hicimos de nuestra diversidad un motivo más para reír, que todos nos sentimos hermanos por un día, hermanos unidos por un vínculo mucho más fuerte que el sanguíneo: nuestra sonrisa verdadera.  

Descripción imagen: dibujo de un parque donde unos practican tirolina, otros piragüismo y otros yoga, todos ellos con una sonrisa en la cara.

 

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